Las películas sobre la guerra fría muestran a los rusos como personas carentes de sensibilidad y de uso de razón, actuando casi como robots al servicio de la Unión Soviética. La realidad era muy distinta. Phillip Agee fue el primer ex oficial de la CIA en hacer denuncias sobre esta agencia. En su libro “Diario de la Compañía. La CIA por dentro” narra al detalle su actividad en la CIA en Ecuador, Uruguay y Méjico.
En 1965 estando en Uruguay con un falso de cargo de diplomático, Agee hizo amistad con diplomáticos soviéticos, algunos de ellos miembros de la KGB, también encubiertos. Agee descubrió la relación de infidelidad entre la esposa del cónsul con un miembro de la KGB. La CIA logró poner micrófonos en el sofá y en la cama del apartamento en Montevideo donde vivía el oficial de la KGB, que era el lugar donde se reunía con la esposa del cónsul. Obtuvieron grabaciones que mandaron a Estados Unidos para ser traducidas, Agee urdió toda una trama para intentar extorsionar al cónsul que estaba siendo engañado por su esposa, según el propio Agee, “aunque el comportamiento sexual es bastante liberal entre los soviéticos”.
Para buena suerte de los tres rusos, la sede central de la CIA no autorizó que se avanzara con la extorsión. La esposa del cónsul dijo que el clima uruguayo le hacía mal y volvió a Rusia, el cónsul siguió adelante con su actividad diplomática y el oficial de la KGB continuó buscando nuevas aventuras pero esta vez con esposas de otros diplomáticos. La guerra fría no fue tan fría después de todo.